3/30/2008

Imagina que tienes un tumor en el estómago. El médico te entrega el diagnóstico: ha descubierto que es un tumor benigno pero, a pesar de no aparentar mayor riesgo, hay que extirparlo de tu cuerpo; de lo contrario, podrías complicarte más. Y no quieres que eso pase. Ya te basta con tener que oír nombres extraños de los medicamentos que tendrás que comprar para tu tratamiento. No tienes idea de lo que sucede en tu organismo, tampoco te interesa averiguar nada, lo más simple es dejar que el médico resuelva todo. Él es el especialista y tú el enfermo. Caso cerrado.

No te importa que causó el tumor. No te interesa buscar explicaciones. Lo único que tiene sentido, lo más simple es extirparlo. ¿Para qué llenarse de más preocupaciones? Ya es suficiente con la miseria cotidiana de la cual no quieres escapar. El tumor ha sido identificado, es visible, es notorio, en realidad no hará daño, hay que extirparlo ya, y punto. Entonces, nada, ya no lo tienes más. Te lo extirparon. Lo mejor de todo es que tienes toda la confianza de que, en caso de que uno nuevo se reproduzca, el médico podrá volver a extirparlo. Y sí, sabes que es muy probable que vuelva a ocurrir. Y bueno, ¿qué? nada de miedos, ya está todo resuelto.

1. Sistema

El sistema es un organismo enfermo, produce enfermedades en los órganos. En todos. Los hace trabajar al límite, en contra de su voluntad. Los obliga a cumplir roles, funciones inútiles, cada vez más incomprensibles. Pero, también tiene la capacidad de generar paliativos y medicamentos para convencerlos. No importa el modo, la meta es que los órganos trabajen hasta enfermarse, para luego curarlos y que sigan enfermando.

2. Policías

Los médicos no están dispuestos a generar la salud de los órganos, sino la del sistema. Sin médicos, los órganos que mueven el sistema habrían muerto o tendrían un estado que les imposibilitaría continuar trabajando para el sistema. Los órganos dejan de funcionar cuando enferman, entonces los médicos se encargan de matar la enfermedad, pues también se dedican a estudiarlas. Las conocen muy bien. Pero a pesar de saber que es el mismo sistema el que las genera, no se oponen a él. Sin enfermedades, los médicos no tendrían razón de ser. Si ellos existen, existen para defender al sistema.

3. Instituciones

Los órganos forman parte de la estructura vital para el sistema, cada uno forma parte de un sistema independiente, pero lo común es que todos apuntan al mantenimiento del sistema. Hay unos más prescindibles que otros. De modo que al, por ejemplo, solamente fallar el sistema respiratorio, la totalidad del sistema, el organismo entero podría verse afectado. Curiosamente, los más básicos son también los más sencibles, pero los médicos trabajan en ello.

4. Sociedad

Las enfermedades siempre han existido. Inconcientemente, las actividades del sistema las producen, así que no suponen un problema real. Si están, pueden morir. Y además el sistema se encarga de convencer a los órganos de la necesidad de combatirlas y despreciarlas. No obstante, es inevitable que existan; aparecen luego de una acumulación de energía y se concentran en un sólo bloque, son predecibles, conocidas, estudiadas, lo cual facilita la labor de los médicos.

* Caos

Las enfermedades pueden ser contagiosas y desestabilizar al sistema. Lo son cuando rompen con los roles tradicionales, cuando innovan y dan golpes en los órganos más sencibles. Mayormente son desconocidas, eficacez y temporales, también enferman a los médicos. Nunca se saben donde están exactamente, no se les puede registrar. Y si se les registra, están en todos lados, de modo que al acabar con una se genera otra. Han perdido toda esperanza por el sistema, no quieren organizarlo de ningún modo, ni establecer un nuevo sistema. Estas son las enfermedades del Caos.

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La masa es el motor del sistema. Masas de obreros produciendo mercancías, o educando, enfermando y curando para que otros las sigan produciendo. Masas de policías en nuestras calles, en las fábricas, en nuestras casas, entre nosotros. Bolas del engranaje capitalista disfrazados de humanos. Cuando la masa se "desorganiza", o se autoorganizan pequeños grupos o individuos para conseguir sus verdaderos deseos, el sistema entra en pánico, en crisis, se desequilibra. Por ello, siempre buscará la manera posible de homogeneizarnos, de ordenarnos, de suministrarnos roles, funciones y supuestas alternativas de acción para seguir alimentando a las masas de la manera más cómoda y democrática, de convencernos en que vale la pena seguir sus pautas establecidas y al fin y al cabo seguir produciendo.

La "revolución" a manera de masa es demasiado previsible. Es inútil. Cuando presentas los síntomas de tener un cáncer en el estómago es fácil reconocerlo y amputarlo. Cuando las juventudes rebeldes se unifican, se concentran en un solo bloque es igual de fácil acabar con ellos. Hay muchas otras formas de generar el caos y recuperar nuestras vidas, de ello se habrá de aprender en la misma vida cotidiana, en todo momento sin excepeción alguna, pero sobre todo fuera de los ordenadores.

3/24/2008

Teenage Jesus & The Jerks "Orphans"

Pequeños huérfanos corren a través de la nieve sangrienta,
Pequeños huérfanos corren a través de la nieve sangrienta.
Pequeños huérfanos corren a través de la sangre,
a través de la sangre, a través de la sangre.

No más tobillos, no más ropa.

Pequeños huérfanos corren a través de la nieve,
pequeños huérfanos en la sangre,
en la sangre, en la sangre.

3/15/2008

¿Tomar los medios de producción?

Tomar los medios de producción sería realmente lógico si también lógico fuese todo aquello que se produce actualmente. Antes que nada, habría que agregar que la producción compulsiva es necesaria para el sistema, es vital, aquello que lo sostiene. Sin ella este no podría existir. Y según como se han desarrollado las condiciones de vida dentro del sistema ni si quiera las tres cuartas partes de lo que se produce globalmente se sitúa dentro de lo que podemos decir que es “una necesidad”, pues casi todo lo que se fabrica no pasa a ser más que consecuencia del sueño capitalista de tener todo el mundo bajo control y una vida cada vez más “simplificada”.

Y hoy, a pesar de todo el avance tecnocrático, la calidad de la vida, los objetivos de las personas, sus sueños, son mediocres. A menos que nos reafirmemos en la necesidad de mantener el sistema de producción que hoy nos oprime habríamos de defender sus componentes materiales.

Como una forma de satisfacer una necesidad inmediata, y no como un proyecto a largo plazo, para la eternidad de la vida ni como un sueño idealizado, me parece que la autogestión puede tener validez. Incluso hoy mismo, no podemos autogestionar nada más que lo necesario para alimentar la destrucción del sistema.

En cualquier sociedad en la que convivamos necesitaremos, a menos que no nos importe morir, básicamente, dos cosas: alimentación y vestido. Lo cual se puede desarrollar con facilidad, alegría y creatividad bajo la práctica del “Hazlo tú mismo” o la llamada autosuficiencia, obviamente sin negarse la posibilidad de agruparse con los amigos y amigas más cercanos. Para ello es indispensable transformar la urbe (“Debajo del asfalto está la playa, la naturaleza”, Mayo del 68), ya que con lo que se produce en ella lo mejor que podemos conseguir son productos de cemento y plástico, pero no alimentos. Aunque lo más inteligente sería abandonarla, a menos que pretendamos seguir explotando a las comunidades de la sierra ofreciéndoles la misma idea de progreso extendida por las grandes corporaciones de hoy.

Habiendo cumplido estas necesidades primarias por nosotros mismos tenemos tiempo y espacio para desarrollar la variedad de actividades que más nos plazcan, aunque la idea es que estas formen parte de nuestras vidas y no algo separado de ella, como un castigo, como es hoy (está demás indicar que hablamos de una comprensión de la realidad desde una perspectiva libertaria y no de una forma de diversión característica de un policía).

A todo esto podríamos llamarle autogestión. Ya que no existe propiedad privada y tampoco ninguna institución u organización mediadora de las actividades que se desarrollan a voluntad. Cuando tomamos el control de nuestras vidas directamente ello es imposible. Y para esto no se necesitan fábricas, horarios, ni control del medio ambiente, sólo intentar devolverle un estado óptimo que sea útil para reconectarnos con la vida. Obviamente hoy todo ello está en las manos de las instituciones y grupos de poder y además ha sido transformado para la producción de mercancías, la idea es que no le pertenezca a nadie, que no hayan más dueños, que no haya más mercancía.

3/14/2008

"¡Qué locura es el amor al trabajo!
Qué gran habilidad escénica la del capital, que ha sabido hacer que el explotado ame la explotación, el ahorcado la cuerda y el esclavo las cadenas."
A. M. Bonanno

Con la soga al cuello. Vivimos con la soga al cuello. La sentimos en cada momento de nuestras vidas, aunque queramos no tenerla nunca. Y cuando no la sentimos, estamos pensando en ella. Pensando en que pronto nos sujetará con más fuerza y que, otra vez, tendremos que acomodar el cuello. O, de lo contrario, hacernos cuenta de que nada pasa. Y morir. Pero, tampoco. Tenemos tanto miedo a la cuerda que nos ahorca, a quitárnosla de una buena vez, como a la muerte que puede provocarnos. Estamos indecisos, mientras la cuerda nos sujeta todo el cuerpo, escogiendo lo que nos parezca mejor: una vida similar a la muerte o la muerte misma. Pues las ataduras no nos pueden ofrecer otra cosa.

El tiempo pasa y la cuerda aprieta con más fuerza, entonces el sudor se desprende de nuestra piel. Nos preocupamos. Temblamos. Empezamos a pensar con desesperación. Estamos a punto de estallar, nuestras venas están cargadas de odio y la sangre empieza a desbordarse. Pero, la cuerda se aliviana. Y, aún con miedo y dolor, le sonreímos. Entonces preferimos dialogar con ella. Nos arrodillamos. Le pedimos que nos trate con cariño, que queremos que nos ahorque en paz. Y el trato está hecho. Incluso, ante su altanera posición, le aplaudimos solemnemente y nos miramos al espejo con desprecio. Lo escupimos. Nosotros somos los reprochables culpables y la cuerda, víctima de nuestra intolerante supervivencia.

Finalmente entendemos que debemos olvidar todo lo sucedido, pues ello puede ser peligroso, y retomar nuestras vidas. Asistimos a un psicólogo y este comprende que la cuerda es el problema. Entonces nos recomienda una cuerda nueva, una más flexible y de un color que nos ayude a llevar la vida con optimismo. Prendemos la televisión y todos los anuncios están dirigidos a la venta de cuerdas. Todos los precios, colores, sabores, diseños y tamaños. Buscamos una adecuada para el trabajo, la más decente. Y también para la casa, para pasear, para estudiar, para practicar deporte, para tener sexo, para comer y para dormir.

Visitamos lugar tras lugar, pero siempre con la soga en el cuello. Incluso viajamos lo más posible con la intensión de que nuestras sogas sean reconocidas, pues ello da fe de nuestras buenas costumbres, de nuestra cultura. Toda la gente nos mira con aprecio. Y nosotros también, siempre que lleven las sogas bien sujetas al cuello. Las preocupaciones y el progreso humano están dirigidos a la fabricación de cuerdas más seguras, higiénicas y tecnológicas. Estamos orgullosos de ello. Orgullosos de nosotros, orgullosos del mundo entero, pero, sobre todo, de nuestras propias sogas. Hemos aprendido a convivir con ellas, a amarlas.

3/09/2008

Esto no es un aviso. Es un conjunto de líneas organizadas. Y yo soy un gran mentiroso. Siempre miento. En serio. Siempre lo hago. Para empezar, no me interesa empezar bien este escrito. Y tampoco que sigas leyéndolo. Lo único que me interesa es escribir. O quizás no, probablemente sea cuestión de impulsos. Con toda sinceridad, esto no te va a llevar a ningún lado. Y espero que tampoco sea eso lo que busques. Mejor ve a algún otro lugar y haz tu propio camino o destruye algún otro. Que es lo mismo. Pero, no, no. Ni lo intentes. No busques comprender nada. Esto no es una poesía. No estoy utilizando metáforas, ni jugando con las palabras. No estoy buscando nada. Pero tú si, por lo que parece. Suéltate. Olvida el significado de las palabras. No estoy proponiendo que le inventes nuevos significados a las cosas. No. Ya no más diccionarios. No olvides lo que sabes. Pero, cuanto menos, desconfía de todo lo que haz aprendido. Todo puede ser mentira. Incluso, lo que yo te digo. Hasta lo que no te digo puede serlo. Toda mentira puede ser una mentira. Si confías en todo, ten en cuenta que todo puede ser un engaño. Pero, que no importe. Ahora no. Sabes que cualquier cosa puede ser falsa y que cualquier supuesta comprobación puede equivocarse. Todo puede fallar. Qué problema hay. Basta de querer tenerlo todo controlado. Nada de eso. El primer ser que busque la perfección es imperfecto. Pues la propia afirmación de su búsqueda, lo demuestra. La felicidad no es un fin a conseguir, sino la forma en como se consigue todo lo que fluye. Puedo mentirte, si. Pero, lo dicho. Que no importe. No me creas. Pero también desconfía de ti. Que todo fluya. Olvida toda clase de esperanza, todo objetivo que te impida realizarte. Tu realización es el objetivo. Despreocúpate. Puedes morir. Pero que el vano intento de no morir no te impida vivir. No te puedes aferrar a una vida mediocre. Simplemente vive. Y morirás, probablemente, feliz. Olvídate del cielo y del infierno. Ya estás en el cielo, ya estás en el infierno. Todo depende de ti. Tú guardas dentro un mundo lleno de posibilidades. Todas las posibilidades que te ofrece el mundo externo que tanto odias. Y ese mundo puede ser destruido. Entonces habrá llegado el momento de sonreír y bajarle los pantalones a los policías.

3/04/2008

[Fragmento]

Nuestras vidas parecen tener cada vez menos sentido. Parecen, por que todo lo que está a nuestro alrededor es pura apariencia para nuestros ojos. No sentimos nuestras vidas ni las de quienes nos rodean, sólo somos espectadores condicionados a los movimientos del espectáculo de la mega máquina. Vivimos si, pero vivimos con miedo. Y es con este miedo con el que decidimos hacia donde dar cada paso, dentro de los límites existentes.

Cualquier análisis para cambiar la realidad parte desde ella misma y, en muchas oportunidades, hacia ella se dirige. Por que no, no somos libres. No nos hace libres votar por un nuevo gobernante, ni por una nueva ley, ni mucho menos tener dinero para visitar al supermercado a diario. No, nada de eso. Solamente puede hacernos libres prescindir del orden y la autoridad, para empezar a actuar por nosotros mismos. Y esta claro que no somos libres, pero también que lo queremos. ¡Pero si todo el mundo lo quiere! Por que la libertad está de moda y es útil que exista como idea dentro de los parámetros que la imposibilitan. Y por que además es aun más esclavo quien se da por libre cuando no lo es.

Todos vivimos preocupados pensando en que el mundo no está caminando para bien. U otros, aún sin pensarlo, así lo sienten. Los grupos religiosos argumentan que hemos desobedecido el mandamiento de Dios y los grupos contra el consumo, que vivimos obedeciendo lo que nos propone la publicidad. Los anarquistas aún siguen pensando en como será algún día, en un futuro muy lejano, la anarquía y el demócrata recordando al candidato con mejor sonrisa de las elecciones pasadas.Todos viven preocupados, postergando sus vidas. Unos preocupados por cambiar la Realidad y otros por adaptarse a ella. El obrero vive lleno de aburrimiento contando las horas del reloj para volver a casa, pero también para tomar el bus, en el que se encuentran más obreros estresados y aburridos en dirección a la fábrica. Trabajar no es lo peor, al menos no, viéndolo del lado del desempleado preocupado por conseguir algún nuevo puesto de tortura. Pero no, error. Ninguno de ellos está buscando una sonrisa, todos quieren comprarla en algún puesto comercial. Lo peor es que son ellos mismos a quienes obligan a fabricarlas.

Bueno, por fortuna, también están los que hacen marketing en nombre del pueblo, en nombre de la revolución de los libros y las manifestaciones disciplinadas y reivindicativas. Si los grupos de poder tienen sus representantes en las sillas del gobierno, no imitar la misma estructura jerárquica podría ser peligroso. Y otra vez más de lo mismo. Se lucha para maquillar el sistema, para vivir los más cómoda y responsablemente dentro de sus cárceles de oro, no para acabar con él. Cuando se exigen mejoras salariales, por ejemplo, la vida no se mejora, pues se sigue parchando la miseria sobre la que esta se desenvuelve. Con dinero no se llena la vida, sino el estómago, el estómago del sistema de producción que chupa de nuestra fuerza de trabajo y de nuestro posterior consumo.

Al sistema de producción no le importa la clase de producto que esté en sus vitrinas, por que todo se puede publicitar. No le interesa que utilidad en nuestras vidas pueda tener, por que tampoco le interesan nuestras vidas. Le interesa que, lo que fuese, se venda. Las empresas están para vender y convertir todo en mercancía, la educación, la salud, los juegos, la alimentación, todo. De este modo es como es posible que se vendan, por ejemplo, animales cuya sensibilidad es aún más desarrollada que la nuestra, o que se les mutile y torture, ya que ello presupone una posterior ganancia económica. La finalidad de esta clase de actividades no es que los animales sufran, no en si misma, sino que ese sufrimiento sea proporcional al “goce” que los empresarios logren. Mientras a los veg(etari)anos el sistema digestivo se les retuerce al ver una pieza de pollo servido, otros tienen intensiones mayores, retorcer la totalidad del sistema de producción. Se puede vivir sin carne, claro, ya que ello está permitido por el sistema y además siempre que se reproduzcan nuevas formas de consumo y finalmente alimentar al mismo engranaje de sufrimiento global. Esa es toda la "libertad" que tienen aquellos que pretenden conformarse con la realidad, la que puede ofrecer el sistema: la comodidad de ser esclavo.

La exaltación del boicot no sólo es una actitud pasiva, sino que además perjudicial. No podemos empezar por prohibirnos cosas, cuando la idea es no tener límites. No necesitamos boicotearnos a nosotros mismos, que es lo que en realidad parece, pero si a la vida que nos han impuesto. Aunque, de todos modos, no es suficiente. Aislarse del sistema, ser un bolsillo menos, no es atacar el sistema. Si estamos dentro de él, en lugar de ser una pieza menos, preferimos ser un estorbo más. Aunque siempre lo ideal es que ambas cosas vayan de tomadas de la mano. Para ello hay que ser creativos, con lo cual estamos cumpliendo un objetivo más y vamos recuperando nuestras vidas con nuestras propias mentes y cuerpos, en lugar de seguir mutilándonos.