Los libros, revistas y demás publicaciones de materiales independientes deben tener el único objetivo de tener muchos objetivos. Ser un medio de incitación al conflicto permanente, a las revueltas espontáneas y la generalización del libre albedrío, no sólo dentro del contenido comunicativo que pueden generar, sino también en el desarrollo de su misma realización.
No queremos ni nos interesa ser lectores pasivos. La lectura separada de la vida, sin una relación y complementaridad con lo cotidiano, no sirve. Son palabras muertas. Mentiras. Si el único fin del conocimiento fuese convertirse en una biblioteca humana, preferiríamos tirar los libros a la hoguera.
Pero, sabemos que no. Que no es así. Que las palabras pueden ser una carga de pólvora que encienda nuestros corazones y acciones. Y si no es así, si "las palabras mienten"... ya es hora de cambiar todo esto.
Sólo cuando convirtamos las palabras en fuego, hemos de iniciar la primera e inevitable carcajada. Es hora de liberarles de los libros y de sus editoriales, de convertirles en un viento que pueda expandirse por el mundo acabando con todo límite impuesto por el sistema. Hemos de liberar nuestras palabras, pero sin olvidar liberar nuestras vidas.
11/30/2007
11/26/2007
¿Cambio?
“Cambias de ropa: para salir a la calle. Cambias de canal: cuando finaliza la telenovela del horario estelar. Cambias de música: cuando la moda te lo indica. Pero tú no cambias. Nunca cambias. Te cambian. Por que eres un títere.”
Antes de buscar cambiar, es necesario analizar el hoy por hoy. Reflexionar si realmente nos complace hacer lo que hacemos. Es decir, ¿Hacemos las cosas por que queremos, por que nos gusta hacerlas? O las hacemos por que nos obligan, por que nos pagan por ello, por repetir lo que hacen los demás, por no quedar mal con otros tantos, por una buena calificación, por prestigio social, etc.
Aún con esto, la mayoría de individuos cree con mucha seguridad y convicción que realmente les agrada hacer todo lo que hacen. Lo que no les agradaría es romper con sus hábitos, con sus costumbres y sus disciplinadas planificaciones. Precisamente por que existe un temor al cambio. Miedo a lo desconocido. Pero el temor, y el miedo, es ya un mal síntoma.
Ignorar nuestros deseos y hacer que el orden se fortifique, no es el cambio que nosotros necesitamos. Alimentarse y cobijarse del frío, de lo más necesario para el desarrollo humano, pero no podemos olvidarnos de la esencia de la vida. Vivir no sólo consiste en respirar, sino en ser libres. De poco o nada sirven los cambios a medias. Así que cualquier cambio, antes que cualquier cosa, debe estar dirigido a conseguir la libertad. Esto implica compartirla con todos y todas. Por que la libertad de uno, no existe. Cada pensamiento es útil para cada contexto. No se puede cambiar uno sólo, o no del todo, sin al menos, intentar acabar el contexto opresor. Acomodarse en él, como bien sabemos, es peor que suicidarse. Y huir tampoco cambia las cosas.
Vivimos (o simulamos hacerlo) en sociedad, en esta que tanto odiamos. Nos comunicamos constantemente. Compartimos oxígeno, cariños, sonrisas, insultos, o lo que fuese, con los demás. No estamos encerrados en una cárcel individual. La cárcel es global, la civilización lo es todo. Pues, nos oponemos a todo. A todo límite, y no podemos parar hasta destruirlo, hasta romper con ese todo que simboliza poder y dominio. Sólo de este modo podemos conseguir libertad.
Estamos alejados de la tierra, y lo sabemos bien. Vivimos rodeados de cemento. Somos extraterrestres. Nuestro planeta es el Cemento, el Cementerio. Vivimos encerrados en las "necesidades básicas" para el sostenimiento de este mundo absurdo, el cambio debe consistir en acabar con él. Acabar con todo aquello que pueda limitar la vida, o todo lo que atente contra la naturaleza. Por que nosotros no somos productos envasados, ni máquinas de trabajo, somos naturaleza. O deberíamos.
Nunca es tarde para gritar o empezar a realizar las cosas que más deseamos. Sabemos que no decidimos en nuestra vida. Por que sólo respiramos. Pagamos por todo lo demás. Lo que tenemos por vida es un chantaje. No es nuestra vida, es nuestra muerte.
Antes de buscar cambiar, es necesario analizar el hoy por hoy. Reflexionar si realmente nos complace hacer lo que hacemos. Es decir, ¿Hacemos las cosas por que queremos, por que nos gusta hacerlas? O las hacemos por que nos obligan, por que nos pagan por ello, por repetir lo que hacen los demás, por no quedar mal con otros tantos, por una buena calificación, por prestigio social, etc.
Aún con esto, la mayoría de individuos cree con mucha seguridad y convicción que realmente les agrada hacer todo lo que hacen. Lo que no les agradaría es romper con sus hábitos, con sus costumbres y sus disciplinadas planificaciones. Precisamente por que existe un temor al cambio. Miedo a lo desconocido. Pero el temor, y el miedo, es ya un mal síntoma.
Ignorar nuestros deseos y hacer que el orden se fortifique, no es el cambio que nosotros necesitamos. Alimentarse y cobijarse del frío, de lo más necesario para el desarrollo humano, pero no podemos olvidarnos de la esencia de la vida. Vivir no sólo consiste en respirar, sino en ser libres. De poco o nada sirven los cambios a medias. Así que cualquier cambio, antes que cualquier cosa, debe estar dirigido a conseguir la libertad. Esto implica compartirla con todos y todas. Por que la libertad de uno, no existe. Cada pensamiento es útil para cada contexto. No se puede cambiar uno sólo, o no del todo, sin al menos, intentar acabar el contexto opresor. Acomodarse en él, como bien sabemos, es peor que suicidarse. Y huir tampoco cambia las cosas.
Vivimos (o simulamos hacerlo) en sociedad, en esta que tanto odiamos. Nos comunicamos constantemente. Compartimos oxígeno, cariños, sonrisas, insultos, o lo que fuese, con los demás. No estamos encerrados en una cárcel individual. La cárcel es global, la civilización lo es todo. Pues, nos oponemos a todo. A todo límite, y no podemos parar hasta destruirlo, hasta romper con ese todo que simboliza poder y dominio. Sólo de este modo podemos conseguir libertad.
Estamos alejados de la tierra, y lo sabemos bien. Vivimos rodeados de cemento. Somos extraterrestres. Nuestro planeta es el Cemento, el Cementerio. Vivimos encerrados en las "necesidades básicas" para el sostenimiento de este mundo absurdo, el cambio debe consistir en acabar con él. Acabar con todo aquello que pueda limitar la vida, o todo lo que atente contra la naturaleza. Por que nosotros no somos productos envasados, ni máquinas de trabajo, somos naturaleza. O deberíamos.
Nunca es tarde para gritar o empezar a realizar las cosas que más deseamos. Sabemos que no decidimos en nuestra vida. Por que sólo respiramos. Pagamos por todo lo demás. Lo que tenemos por vida es un chantaje. No es nuestra vida, es nuestra muerte.
11/19/2007
Juegos
>Hijos de la Rebeldía
http://www.sumariados.info/juegos/hdr/home.htm
>Jóven combatiente
http://www.sumariados.info/juegos/jc/juego.html
>Ateroides FMI
http://www.letra.org/craled/flash/asteroifmi.htm
¡Play the fire in the street!
>Hijos de la Rebeldía
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>Jóven combatiente
http://www.sumariados.info/juegos/jc/juego.html
>Ateroides FMI
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¡Play the fire in the street!
11/14/2007
Los locos son los que venden su vida por buenas calificaciones
Todo el mundo vive así. Como tú, Alfredo, y como yo.
Todos los universitarios se aburren. Les aburre ir a la universidad y despertarse todas las mañanas a las mismas horas. Cuando no importa no terminar el sueño, importa terminar la tarea. ¿Cómo no va a ser aburrido tomar siempre el mismo carro, y abrir la boca sólo para pagar el pasaje al cobrador? ¿Cómo no va a ser aburrido estar sentado durante horas en una carpeta, encerrados en el mismo salón y con los mismos "compañeros" de siempre?
Y sin embargo todos vamos a la universidad. Nosotros nos despertamos temprano, nosotros somos quienes levantamos el brazo derecho para que el carro nos recoja, quienes pasamos el puto carnet para que nos controlen la asistencia. ¡Nosotros somos quienes entramos al salón!
Y no somos los únicos. Los profesores tambien se aburren, ¿Crees que no? ¿Crees que les gusta ver las mismas caras de gente tan aburrida como ellos? Claro que no. No les gusta. Odian tener que vestir sus uniformes, que maquillarse, que repetir la misma información en diferentes salones para jóvenes que prefieren contestar las llamadas del celular, que oír la letra de la última canción de moda y que nunca los escuchan por que esperan la salida para encontrarse con su media naranja. Odian utilizar sus "tiempos libres" en preparar las clase de la semana. Odian tener que saludar al director. Odian saber que el se lo pasa sentado en la oficina o paseando por salones y recibe más sueldo que nadie. Que en cualquier momento serán despedidos por alguien que se encarga sólo de evaluarlos. Odian al director, pero le estrechan la mano y le hablan de cualquier tema. Lo odian, pero le sonríen. Y nosotros hemos de soportar su frustración en cada clase, en cada tarea, en cada explicación. Y ellos han de soportarnar la nuestra. Nuestra, también evidente, frustración.
Y sin embargo, los profesores son quienes llegan antes que nadie. Y si llegan tarde es por que a veces el cántaro se rompe. Se rompe, pero todos lo lamentan. Estudiantes, profesores, directores. Echan en llanto, se deprimen cuando las notas no son buenas, les desagrada no ser parte del espectáculo de su propio sufrimiento. Su condición de máquinas al servicio del progreso los mantiene en la más completa sumisión hasta cuando descansan.
Pero, en el fondo, por momentos, les agrada. Nos fascina romper el cántaro. Nos complacer no hacer las tareas, llegar tarde, robar materiales de la oficina, escribir poemas en los exámenes, orinar en la puerta trasera o en algún carro de la cochera. Respiramos, aún con el temor de ser pillados y sanciaonados por indisciplina. Una indisciplina creada por su disciplina. Sonreímos, incluso cuando nos sancionan. Sonreimos cuando tomamos una pequeña venganza. La risa a veces puede ser otra forma de llorar. La destrucción es otra forma de crear, también. Y la desobediencia es otra forma de ser responzables, con nosotros mismos.
Estamos aburridos de que nos llenen las mentes de ideologías, de supuestas soluciones. ¡Aprender sus terapias nos enferman! ¡Nos tienen locos! Vivimos encerrados, nuestras vidas son cárceles a las cuales nos introducimos por necesidad, impulsados por el entorno. Ir en contra de la corriente no es de locos. Los locos son los que se dejan aufixiar por el sentido de la corriente, los que acuden a ella sin cuestionar, sin realizar lo que realmente desean. Los locos son los que venden su vida por buenas calificaciones.
Todo el mundo vive así. Como tú, Alfredo, y como yo.
Todos los universitarios se aburren. Les aburre ir a la universidad y despertarse todas las mañanas a las mismas horas. Cuando no importa no terminar el sueño, importa terminar la tarea. ¿Cómo no va a ser aburrido tomar siempre el mismo carro, y abrir la boca sólo para pagar el pasaje al cobrador? ¿Cómo no va a ser aburrido estar sentado durante horas en una carpeta, encerrados en el mismo salón y con los mismos "compañeros" de siempre?
Y sin embargo todos vamos a la universidad. Nosotros nos despertamos temprano, nosotros somos quienes levantamos el brazo derecho para que el carro nos recoja, quienes pasamos el puto carnet para que nos controlen la asistencia. ¡Nosotros somos quienes entramos al salón!
Y no somos los únicos. Los profesores tambien se aburren, ¿Crees que no? ¿Crees que les gusta ver las mismas caras de gente tan aburrida como ellos? Claro que no. No les gusta. Odian tener que vestir sus uniformes, que maquillarse, que repetir la misma información en diferentes salones para jóvenes que prefieren contestar las llamadas del celular, que oír la letra de la última canción de moda y que nunca los escuchan por que esperan la salida para encontrarse con su media naranja. Odian utilizar sus "tiempos libres" en preparar las clase de la semana. Odian tener que saludar al director. Odian saber que el se lo pasa sentado en la oficina o paseando por salones y recibe más sueldo que nadie. Que en cualquier momento serán despedidos por alguien que se encarga sólo de evaluarlos. Odian al director, pero le estrechan la mano y le hablan de cualquier tema. Lo odian, pero le sonríen. Y nosotros hemos de soportar su frustración en cada clase, en cada tarea, en cada explicación. Y ellos han de soportarnar la nuestra. Nuestra, también evidente, frustración.
Y sin embargo, los profesores son quienes llegan antes que nadie. Y si llegan tarde es por que a veces el cántaro se rompe. Se rompe, pero todos lo lamentan. Estudiantes, profesores, directores. Echan en llanto, se deprimen cuando las notas no son buenas, les desagrada no ser parte del espectáculo de su propio sufrimiento. Su condición de máquinas al servicio del progreso los mantiene en la más completa sumisión hasta cuando descansan.
Pero, en el fondo, por momentos, les agrada. Nos fascina romper el cántaro. Nos complacer no hacer las tareas, llegar tarde, robar materiales de la oficina, escribir poemas en los exámenes, orinar en la puerta trasera o en algún carro de la cochera. Respiramos, aún con el temor de ser pillados y sanciaonados por indisciplina. Una indisciplina creada por su disciplina. Sonreímos, incluso cuando nos sancionan. Sonreimos cuando tomamos una pequeña venganza. La risa a veces puede ser otra forma de llorar. La destrucción es otra forma de crear, también. Y la desobediencia es otra forma de ser responzables, con nosotros mismos.
Estamos aburridos de que nos llenen las mentes de ideologías, de supuestas soluciones. ¡Aprender sus terapias nos enferman! ¡Nos tienen locos! Vivimos encerrados, nuestras vidas son cárceles a las cuales nos introducimos por necesidad, impulsados por el entorno. Ir en contra de la corriente no es de locos. Los locos son los que se dejan aufixiar por el sentido de la corriente, los que acuden a ella sin cuestionar, sin realizar lo que realmente desean. Los locos son los que venden su vida por buenas calificaciones.
11/05/2007
Las relaciones sociales tienen como base el intercambio económico. Somos simples transmisores y receptores de dinero, somos el transporte de la economía. Somos ciudadanos. Buenos ciudadanos. Todos lo que hacemos tiene como causa, medio o fin una relación económica. "El dinero es impresindible para vivir" dices. Pues ya lo sabes obrero sumiso: Nuestras vidas tienen precio. Así , como un muñeco funciona cada vez que le dan cuerda, u otro, cada que le colocan pila; a nosotros nos mueve el dinero, no nuestros deseos. El dinero de otros, o de nadie, y los deseos de otros, o tampoco de nadie.
Pero no tiene sentido participar en un juego que ya tiene ganador. Y, peor aún, en el de un sistema donde nadie gana. Ni si quiera los grupos de poder mundial. Vivir con el único propósito de tener poder sobre los demás es aún más absurdo que cualquier cosa. Es llenarse de satisfacción falsa, es engañarse. Es, incluso, perder dos veces, autoderrotarse. Todos somos títeres. Y para dejar de serlo, primero debemos aceptarlo. Aceptarlo con absoluto repudio.
Ricachones de la alta alcurnia, vendedores ambulantes, poetas desempleados, gobernantes y reyes, empresarios con nombres rimbombantes, hijos de "alguien importante", payasos de fiestas infantiles. Todos, sin excepención, somos títeres del maldito dinero. Y cada día tenemos más cuerdas que mantienen controladas nuestras vidas. No son quizás pesadas cadenas como algunos años atrás, pero seguimos atados, condenados a una esclavitud con aparentes comodidades y preocupados por producir para un futuro al que muy probablemente lleguemos muertos, o enfermos. Y aunque no haya nada que celebrar, la esperanza no está perdida. Y si lo está, iremos en busca de ella. Nosotros mismos hicimos nuestras cuerdas, también podemos cortarlas.
Y no es que el sistema nos quiera pasivos. Al contrario, nos necesita como máquinas productivas. Cada vez más rápidas y domesticadas para que las tuercas no dejen de rotar. Que haya más hospitales no quiere decir que habrá menos enfermos, sino que más, y también más médicos. Que haya más centros de estudio no quiere decir que los niños podrán desarrollarse sin complicaciones, sino que las escuelas serán las que les compliquen la vida y que el sistema necesita para si más "material humano" que explotar. Los médicos y profesores no trabajan por que quieren, sino por que necesitan dinero. Y los pacientes y alumnos* no se internan por que lo deseen así, sino que unos se accidentaron por dinero, y otros están torturando su infancia por que sus padres quieren un mejor mañana para ellos. Se "educan" para obtener dinero.
Si nuestra actividad se ve relegada a la sumisión y al aburrimiento, entonces no es la que nosotros deseamos. Ante esto, deberíamos quedarnos con los brazos cruzados. Si, no me estoy burlando de nadie con lo que digo. Hay que incitar la desobediencia generalizada. La vida no debe costar nada. Y nuestras necesidades no deberían ser alteradas genéticamente, ni estar encerradas en recipientes de conservación. Menos en un supermercado. Debemos empezar a liberar nuestros deseos reales, aspirar más allá de comprar simples objetos (que muy lejos de hacernos libres, nos hacen dependientes de ellos). O, en su defecto, tomarlos sin costo alguno. Proponer la ética del No trabajo como medio y fin de nuestras luchas. Reemplacemos la costumbre de trabajar, por la aventura del juego. Divirtámonos con fuego y pintura. La ciudad, sus bancos, supermercados, hospitales, escuelas, manicomios y demás cárceles, nos esperan. Hagamos que dejen de esperarnos. Que no nos esperen nunca más.
Alumnos*: Término empleado para dirigirse a las mascotas de menor jerarquía en las celdas escolares, cuyo significado es "Sin Luz".
Pero no tiene sentido participar en un juego que ya tiene ganador. Y, peor aún, en el de un sistema donde nadie gana. Ni si quiera los grupos de poder mundial. Vivir con el único propósito de tener poder sobre los demás es aún más absurdo que cualquier cosa. Es llenarse de satisfacción falsa, es engañarse. Es, incluso, perder dos veces, autoderrotarse. Todos somos títeres. Y para dejar de serlo, primero debemos aceptarlo. Aceptarlo con absoluto repudio.
Ricachones de la alta alcurnia, vendedores ambulantes, poetas desempleados, gobernantes y reyes, empresarios con nombres rimbombantes, hijos de "alguien importante", payasos de fiestas infantiles. Todos, sin excepención, somos títeres del maldito dinero. Y cada día tenemos más cuerdas que mantienen controladas nuestras vidas. No son quizás pesadas cadenas como algunos años atrás, pero seguimos atados, condenados a una esclavitud con aparentes comodidades y preocupados por producir para un futuro al que muy probablemente lleguemos muertos, o enfermos. Y aunque no haya nada que celebrar, la esperanza no está perdida. Y si lo está, iremos en busca de ella. Nosotros mismos hicimos nuestras cuerdas, también podemos cortarlas.
Y no es que el sistema nos quiera pasivos. Al contrario, nos necesita como máquinas productivas. Cada vez más rápidas y domesticadas para que las tuercas no dejen de rotar. Que haya más hospitales no quiere decir que habrá menos enfermos, sino que más, y también más médicos. Que haya más centros de estudio no quiere decir que los niños podrán desarrollarse sin complicaciones, sino que las escuelas serán las que les compliquen la vida y que el sistema necesita para si más "material humano" que explotar. Los médicos y profesores no trabajan por que quieren, sino por que necesitan dinero. Y los pacientes y alumnos* no se internan por que lo deseen así, sino que unos se accidentaron por dinero, y otros están torturando su infancia por que sus padres quieren un mejor mañana para ellos. Se "educan" para obtener dinero.
Si nuestra actividad se ve relegada a la sumisión y al aburrimiento, entonces no es la que nosotros deseamos. Ante esto, deberíamos quedarnos con los brazos cruzados. Si, no me estoy burlando de nadie con lo que digo. Hay que incitar la desobediencia generalizada. La vida no debe costar nada. Y nuestras necesidades no deberían ser alteradas genéticamente, ni estar encerradas en recipientes de conservación. Menos en un supermercado. Debemos empezar a liberar nuestros deseos reales, aspirar más allá de comprar simples objetos (que muy lejos de hacernos libres, nos hacen dependientes de ellos). O, en su defecto, tomarlos sin costo alguno. Proponer la ética del No trabajo como medio y fin de nuestras luchas. Reemplacemos la costumbre de trabajar, por la aventura del juego. Divirtámonos con fuego y pintura. La ciudad, sus bancos, supermercados, hospitales, escuelas, manicomios y demás cárceles, nos esperan. Hagamos que dejen de esperarnos. Que no nos esperen nunca más.
Alumnos*: Término empleado para dirigirse a las mascotas de menor jerarquía en las celdas escolares, cuyo significado es "Sin Luz".
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