
10/24/2007
10/17/2007
Nada de lo que haces te gusta. Y si algo te gusta, no está permitido
No confías en ningún político, pero necesitas acudir a las urnas a sufragar. Y votas por uno de ellos o por ninguno y, no importa, te gobiernan si o si, quieras o no.
Quieres disfrutar la vida, pero necesitas obedecer estrictos horarios y ahorrar tiempo. Y te frustras, y tampoco disfrutas de nada. Nada de lo que haces te gusta. Y si algo te gusta, no está permitido.
Sientes ansias de echar en llanto, pero necesitas mantener una postura endeble por que "los hombres no lloran". Y reprimes tus emociones, y tus sentimientos. Y dejas de ser tú mismo.
Sientes ansias de golpear a tu jefe cada vez que intenta subirte la falda en la oficina, pero necesitas callarte para que no te reduzcan el salario. Y te callas. Y te suben el salario, y también la falda.
Todas las supuestas necesidades que tienes en tu, también supuesta, vida, sólo sirven para mantenerla tal y como está. Y reproducirla. En este mundo no podemos hacer nada de lo que queremos realmente y tenemos que reprimir nuestros deseos, tenemos que traicionar nuestros instintos; por que sería un caos, dicen el demócrata, el profesor, el cura, el militar, el patrón y el psicólogo. Necesitamos hacer lo que ellos, las autoridades, quieren que hagamos, que cumplamos todos sus caprichos y nos reduzcamos a obedecer todas sus bajezas al pie de la letra ciegamente.
Y le llaman orden.
10/12/2007
La felicidad no la puedes comprar
En el supermercado dicen que se puede comprar de todo.
"Compra un gran televisor..."
para que embobes a tus hijos y te conviertas en un ser antisocial.
"Compra ropa de moda..."
con accesorios innecesarios y abundantes etiquetas para vestirte igual que tu artista favorito y demostrar una falsa personalidad.
"Compra comida" ...chatarra encerrada en envases de plástico, para enfermarte y tener un buen pretexto para visitar una clínica donde acudir a más cajeros y pagar costosos remedios químicos, que sólo calman la enfermedad, pero no la curan. Tu salud ha ocupado segundo plano. Lo que importa es comprar y consumir, más y más. Compramos necesidades que no necesitamos. Nos venden problemas que sus soluciones crearon. Compras, te venden. Lo tienes, te tienen.
Pero de nada sirve llenar tu casa (o tu cuerpo) de objetos ridículos para alardear con tus amigos del barrio (o caerle bien a tu jefe), si no eres libre. De nada sirve si, para conseguir aquel aparatito tecnológico (que tanto anhelas), vas a pasar horas y horas sufriendo en el estresante trabajo o te pasas la vida preocupado para conseguir uno rentable.
No te engañes, tu vida ha perdido sentido. No eres una persona feliz.
¿Lo dudas? ¿Crees que eres feliz? ¿que tu trabajo te gusta? por que con ello puedes poseer objetos de “valor” a tu alrededor. Pues (justamente por eso), tampoco eres feliz. Lo que tienes a tu alrededor son objetos, (fríos objetos) que no pueden más que contagiar aburrimiento. Un objeto con saco, corbata y lentes, sentado en una oficina, eso es en lo que tú te haz convertido. (Ni más, ni menos). Un objeto más de producción económica. Cuando dejes de producir, (sea por enfermedad o vejez) serás inútil para tu jefe. Y a los estorbos los despiden. Pero lo peor es que también tienes miedo a que te despidan del empleo.
Tienes miedo a no tener controlada toda la chatarra tecnológica que haz comprado y acumulado durante tu existencia. Tienes miedo a dejar de comprar. Tienes miedo ha tomar decisiones propias en tu vida, por eso necesitas de intermediarios a los que mandar o líderes a los que obedecer.
Te temes a ti mismo. En el fondo sabes lo ridículo que eres, por eso te escondes y te disfrazas con todo lo que compras. Pero...
La felicidad no la puedes comprar.
No importa lo mucho que intenten convencerte los anunciantes de marketing al ofrecerte miles de productos por televisión. Parecen amables... ¿no? Piensas que son gente honesta, (pero no es así) son peores que tú.
Te han robado tu vida. Y te venden otra.
Los dueños del supermercado tampoco son tus amigos. A ellos no les importa tu felicidad. A ellos les importa tu dinero y cuando no lo tengas, te sentirás como un ser mediocre.
Aún más mediocre de lo que eres ahora.
- Hay que asaltar un banco. Y luego quemar el dinero.
- ¿Cómo vas a quemar el dinero? Si lo necesitamos para vivir.
- No, lo que necesitamos para vivir son alimentos.
Y libertad, desde luego.
- Pero ¿Con qué compras los alimentos?
Necesitas dinero, pues tonto.
- ¿Asaltar un banco para devolverles su dinero? ¿Cómo puede ser
posible eso? Aquí hay gato encerrado, alguien nos está robando.
- Ah si, ¿Y quién?
- ¡Quién más!
Los dueños de las empresas y sus honrados trabajadores.
- Ahora resulta que nosotros no robamos el dinero, sino que el dinero nos roba a nosotros.
- Pues sí, así de absurda es la vida.
- Pero... no podemos encerrar al dinero.
- Pero sí vengarnos de quienes lo utilizan en nuestra contra.
Quememos el dinero, con todo y bancos... y dueños.
10/07/2007
10/02/2007

Pues no, sólo cada 17 años.
¿Al fin joven? ¡NO! Como niña esta mejor.
¿Feliz? Menos.
¿Fiesta? Desmerecería mis celebraciones cotidianas.
¿Torta? En la cara.
¿Regalos? En el parlamento, molotov's.
El impulso de considerar especial un día de cada 365 no hace más que demostrar la infeliz vida que tiene la gente. Impulso mecánico. Celebración programada por el calendario, saludos obligados por la presión de grupo y felicitaciones compradas en un centro comercial.
Nuestras vidas deberían ser todo lo que hasta hoy no han podido ser. Los sueños interrumpidos por el despertador, los besos interrumpidos por el sonido del celular, los gritos de niños interrumpidos por los motores de los automóviles, una declaración de guerra interrumpida por la publicidad. Nuestras vidas han sido robadas, interrumpidas, y programadas por el trabajo. Deberían ser eso, los días en que nadie trabaje. ¡Fiesta! ¡Nuestras vidas deberían ser fiestas!
Así que HOY puede ser un día para celebrar, te hayan dado o no el feriado que tanto esperabas, HOY es tu oportunidad de re-nacer, de no trabajar. No pidas deseos, ellos nos llegan solos, ¡a realizarlos! Jugar con fuego en industrias, fábricas, supermercados y bancos. Que este mundo absurdo estalle en llamas. Celebra su muerte, prende las mechas y no te repartas el postre, quémalo todo, sonríe.
Y aplaude.
